En la universidad, los negocios y en muchos campos de la vida actual las presentaciones forman parte fundamental de la comunicación. Ser un gran conocedor de una materia no convierte al profesional en un buen comunicador. El contenido, la voz, la presencia del conferenciante son esenciales en la comunicación (y no siempre en este orden).

Las presentaciones deben ser claras, dinámicas y fluidas, sino se corre el riesgo de aburrir a la audiencia y que pierda atención, justo lo contrario de lo que se pretende.

El proceso de investigación, la preparación, selección del material, el programa informático que se usa son fundamentales para tener éxito en una presentación, pero una cosa tan importante como la expresión corporal, la voz o la manera de comunicarse son mayoritariamente olvidadas, y es aquí donde radica el problema. Sabemos qué queremos decir, pero no dominamos el «cómo».

En este curso exploraremos lo importante que es el medio (la persona) a la hora de comunicar. Cómo su expresión, postura, técnica de captación de la atención y modo de encarar la audiencia son fundamentales a la hora de explicar con eficacia un proyecto, producto o idea. La seducción a la audiencia es fundamental para que esté atenta y el primer paso para lo que se quiere comunicar llegue a sus cerebros.

Una presentación es un hecho teatral: se ha de cautivar a la audiencia para transmitir ideas, y sobre todo emociones. Es a través de la emoción llega a la audiencia y gracias a ella que se transmiten las ideas.

Gran parte de la información en una presentación llega a la audiencia de manera inconsciente a través de la expresión corporal, la voz y sobre todo el lenguaje no verbal, algo a lo que, desgraciadamente, se le da poca importancia en los cursos convencionales pero que resulta fundamental para ser eficaz y creíble a la hora de hacer una buena presentación.

Si uno no es capaz de controlar su cuerpo, su presencia, su tono de voz, puede tener problemas en la comunicación, y muchas veces aún teniendo un producto altamente competitivo, una buena idea, una gran sugerencia o a la hora de comunicar cualquier novedad, positiva o negativa, no se es capaz de realizarlo convenientemente porque la actitud corporal, la voz, la energía está mal canalizada. No es un problema del producto ni que la campaña de comunicación sea mala, ni de la idea, ni de la información ni de la presentación en sí misma… Es un problema de que el transmisor, la persona encargada de su comunicación, no está convenientemente preparada para dar suficiente confianza a su interlocutor. La comunicación no verbal es imprescindible para una buena comunicación.

En unos estudios realizados en Estados Unidos (Present Yourself, Michael Gelb, 1989) se demuestra que el impacto de un conferenciante sobre la audiencia es:

Estos datos nos deberían hacer reflexionar sobre la enorme importancia de nuestra presencia (comunicación no verbal) y de cómo ésta influye en las personas con las que tratamos. Ya no sólo en cuanto al hecho de vestir correctamente, sino a la hora de adoptar una actitud corporal y mental adecuada. Aunque la preparación de los contenidos del trabajo haya sido excelente, si estamos encogidos de hombros, o tenemos la espalda excesivamente arqueada, no sabemos que hacer con las manos, la voz no sale fluida o estamos demasiado tensos o nerviosos, difícilmente generaremos la confianza necesaria para ser ni tan siquiera escuchados.