Artículos Higiene postural de los niños


Algunas ideas para conseguir una mejor higiene postural de nuestros hijos

(Un intento de mejorar su postura, concentración y rendimiento)



“ With correct posture all vital organs are in a position to perform their work to the best advantage, and this naturally tends to the maintenance of good health and the feeling of well being. With incorrect posture, one lives under a handicap.”

Posture and Children, (The Canadian Medical Association Journal )

El problema:

Muchas veces animamos, con la mejor voluntad del mundo, a los chicos y chicas a que se sienten "derechos", a que estén "rectos", a que se pongan "bien" ... La verdad es que los efectos de esta sugerencia, si es que lo consiguen, duran muy poco. Enseguida vuelven a repantigarse y a sentarse encorvados y encogidos. Todos sabemos que esto, al margen de que estéticamente no parece correcto, va en perjuicio de su propia salud, porque, a la larga, (y mi experiencia profesional así me lo indica) pueden desarrollar toda una serie de malos hábitos que desembocan en problemas posturales, de sobretensión, dolores de espalda y de cuello, dolores de cabeza, estrés, falta de concentración, etc. que repercuten negativamente en el rendimiento y en la salud de los pequeños.

Uno de los problemas principales, desgraciadamente, es que nosotros, los adultos, en este aspecto damos mal ejemplo. Nuestra manera de hacer las cosas, nuestro lenguaje gestual, nuestra actitud corporal está lejos de ser distendida, libre y fluida. El estrés, la excesiva tensión de la vida diaria, la velocidad a la que se debe hacer todo nos llevan a adoptar posturas y actitudes corporales excesivamente tensas que inconscientemente transmitimos a los chicos y chicas de manera que ellos también inconscientemente, las asimilan.

La solución ideal:

Por lo tanto, teóricamente y visto desde un punto de vista estrictamente ortodoxo, el problema de la pobre higiene postural de los niños debería enfocarse principalmente desde la propia higiene postural de los adultos. Esto implicaría que los padres madres y maestros asistieran a clases de reeducación postural para, al menos, tomar conciencia y empezar a paliar el problema.

Todos somos conscientes de que eso, hoy por hoy, es misión imposible porque no podemos pedir a todas las personas que rodean a los niños que se dediquen a cambiar sus hábitos posturales. Tenemos ya suficientes problemas como para tener que dedicarnos "encima" a reeducar nuestro cuerpo. En todo caso hacerlo debería ser la consecuencia de una profunda concienciación y trabajo personal que repercutiría efectivamente en favor de nosotros mismos como adultos y, de "rebote", en los niños.

Seamos Prácticos:

Desde mi punto de vista, sí podemos ayudar a nuestros niños a que puedan dejar de hacerse daño a la hora de estudiar o leer cuando lo hacen sentados en una silla.
Es una solución práctica que abordaría desde dos puntos:

* Adecuar el mobiliario a los niños y no los niños al mobiliario.
* Cambiar la actitud habitual a la hora de decirles cómo ponerse "bien".

 Adecuar el mobiliario a los niños y no los niños al mobiliario:

Adecuar las sillas y las mesas para que los niños no "caigan adelante" cuando leen, escriben o dibujan.

La idea es dar prioridad a la higiene postural del niño frente el diseño "inalterable" de los muebles convencionales.

Si utilizamos las mesas que ya tenemos y las reconvertimos en pupitres, es decir, si levantáramos un poco las patas traseras (las más alejadas al niño) haríamos que la mesa se inclinara hacia el niño. Otra opción sería usar un atril para apoyar la hoja o el libro. De esta manera conseguiríamos que no tuvieran que volcarse tanto hacia las hojas, porque serían las hojas quienes irían arriba "hacia el niño", en lugar de ser el niño que fuera abajo "hacia las hojas". 

De la misma manera si levantáramos las dos patas traseras de las sillas, la inclinación de la base de la silla hacia delante propiciaría que la las caderas bascularan de tal manera que la columna vertebral descansaría sobre la pelvis, evitaría que la espalda se derrumbara y mantendría la columna alargada y libre.

Una tercera idea en cuanto al mobiliario:

Es evidente que dos niños donde uno le pasa un palmo al otro no pueden sentarse cómodamente en dos sillas iguales. Del mismo modo, uno de ellos no podrá estar cómodamente trabajando cuando comparten mesa.

De nuevo, lo ideal sería que los niños más bajitos trabajaran en sillas y mesas más bajas y los más altos en sillas más altas. Soy consciente de que, de nuevo, esta es una misión difícil, pero ...

Supongamos que un niño o niña es demasiado bajito para la mesa. Dado que no podemos variar la altura de las mesas, podríamos hacer las sillas más altas (poniendo un alza o un libro en el asiento). Si la base de la silla quedara muy alta y los pies no tocaran el suelo, se podría poner un alza en los pies para que se apoyaran. Esto, aunque no lo parece, es muy importante, porque si el pie no toca el suelo y quedan las piernas colgando, la parte trasera de la rodilla del niño queda apoytada en la silla y no permite una circulación fluida de la sangre para la pierna, y al poco tiempo el niño, que no se encuentra cómodo, tiene la necesidad de moverse (con la consecuente falta de atención que también interfiere en el normal desarrollo de la clase). Si el pie se apoya completamente en el suelo, este malestar no se produce, el niño se cansa menos, puede concentrarse mejor y la interferencia es menor.

Otro hábito muy común es apretar en exceso el lápiz o el bolígrafo a la hora de escribir o dibujar. El lápiz no pesa más que unos cuantos gramos. Para escribir es necesario que el lápiz se deslice sobre la hoja, fluidamente, sin trabas. Si el niño aprieta excesivamente sus dedos contra el lápiz hace que las articulaciones de los dedos y la muñeca queden comprimidas, bloqueadas.

Cuando esto ocurre, la fuerza necesaria para mover la mano es mucho más elevada, de modo que entramos en un círculo vicioso: Para escribir aprietan los dedos, esto hace que bloqueen el movimiento de la mano, y por lo tanto que necesiten hacer aún más fuerza para poder mover y así hasta encontrarnos con que muchos niños, para escribir, hacen tanta fuerza que traspasan hasta cinco o seis hojas. A la larga podrían desarrollar bloqueos en los codos, hombros y cuello, dolores de cabeza y falta de concentración. Facilitar bolígrafos y lápices que se deslicen puede ayudar, aunque el problema principal es, sin duda, el hábito de presionar excesivamente el lápiz o el bolígrafo.

Es importante que se muevan...

A medida que los niños se hacen mayores y van pasando cursos, se les obliga estar cada vez más tiempo sentados. El cuerpo humano (y más a edades tempranas) no está preparado para estar "horas" sentado o prácticamente inmóvil. Ya nos encontramos muchos problemas cuando somos adultos debido a trabajos sedentarios que obligan a la gente a estar sentados mucho tiempo y esto causa no pocos problemas en nuestra estructura. Los niños necesitan moverse. Se debería conseguir de alguna manera que en las aulas los chicos pudieran estudiar y trabajar intercalando momentos pasivos y activos, donde pudieran moverse, sentarse en el suelo, o estudiar en movimiento, para evitar así que adopten hábitos sedentarios que a la larga los perjudican.

Se que es una idea controvertida que parece que podría hacer que el control de los alumnos por parte del profesor fuera más dificultoso, pero para bien de la dinámica corporal de los alumnos debería tener muy en cuenta. Si sus cuerpos no se agarrotan y su cuerpo fluye, su atención será mejor y a la larga su rendimiento superior.

Cambiar la actitud habitual a la hora de decirles cómo ponerse "bien".

El niño cuando trabaja y se sienta con el cuerpo inclinado hacia adelante no se "siente" incómodo (aunque lo está). Conscientemente no nota que nada le moleste ni le haga daño. Somos nosotros desde fuera que sabemos qué consecuencias se derivan de esta actitud, pero el niño no es consciente. Lo cierto es, sin embargo, que al poco rato de estar sentado comienza a moverse, a cambiar de posición, a no estar tanto por el trabajo, a distraerse y pierde la concentración. Estos son los síntomas. Él no es consciente de las causas.

Si encima le "critica" (muchas veces con buena intención) la manera en que está sentado con frases como: ponte bien, su recto, pareces un tornillo, etc., No hacemos nada más que crearle un conflicto, porque se retoma por algo que "no nota" y, por tanto, en cuanto se descuida, lo vuelve a hacer.

El hecho de "criticar" la manera en que están sentados los niños, de hacer bromas, aunque sea hecho con buena voluntad, es contraproducente.

Uno de los errores más comunes es que asociamos los términos "ponte recto", "ponte bien" con hacer fuerza para mantenernos erguidos. Esta asociación es errónea. En realidad la espalda se yergue y alarga de forma natural si se quitan las tensiones que la encorvan. Repito, si se "quitan" las tensiones que la encorvan.

Los seres humanos estamos muy bien diseñados, llevamos tres millones de años yendo de pie. Estamos perfectamente hechos para mantenernos en equilibrio sobre dos pies. Esto es seguramente la causa de que seamos la especie prevalente en la tierra porque hemos podido desarrollar el cerebro mejor que cualquiera de las otras especies. Desgraciadamente, la vida moderna ha desestabilizado al hombre psíquica, emocional y físicamente y, como consecuencia de ello, el hombre ha comenzado a ejercer tensiones sobre su cuerpo de manera que poco a poco lo ha ido deformando (emocional, psíquica y físicamente). Esto ha producido, seguramente, este alejamiento del hombre actual lejos de él mismo. El problema está en el desequilibrio, en las tensiones que inconscientemente ejercemos para producir este desequilibrio. Si fuéramos capaces de liberarnos de estas tensiones el equilibrio volvería por sí solo, de manera natural, justamente porque estamos diseñados para estar en este equilibrio. Por tanto, la buena postura, equilibrada, libre y natural se consigue "sacando" tensiones, no añadiendo. Esta es la base de la mejor reeducación.

Así pues, si de cara a cambiar la postura de los niños, cambiamos de estrategia y en lugar de dar imágenes que sugieren fuerza y ​​tensión damos a otros que sugieren distensión y disfrute podremos ofrecerles una herramienta muy eficaz para que aprendan cómo hacer que su espalda se alargue "sacando" esfuerzo, no “añadiendo”. Se trata de pasar de la "exigencia desagradable": "Levántate, ponte recto" a la "imagen agradable", más constructiva: Suéltate, descansa la cabeza sobre el cuello ... Imagínate que tu cabeza es un globo y se lleva la espalda hacia arriba ... Imagínate que la espalda se alarga y pasa una corriente de agua hacia arriba hasta la cabeza, como si fuera una fuente ... Imágenes divertidas, que estimulen al muchacho a relajar, a alargar y ensanchar la espalda suavemente, sin hacer fuerza, simplemente disfrutando de la relajación que ello supone ... Siempre desde la calma y la tranquilidad, no desde la rigidez, la fuerza o la exigencia.

De verdad que creo que podemos ayudar a nuestros chicos si somos capaces de hacer este pequeño cambio de "chip" y empezamos primero a pensar en adaptar el mobiliario a sus necesidades en lugar de hacerlo al revés y segundo a cambiar esta pequeña parte de nuestra actitud.

Estoy convencido que simplemente adoptando estas sencillas ideas iniciaríamos el proceso de los cambios necesarios en beneficio de los niños y por extensión de nosotros mismos, padres y maestros.