Artículos El hombre que respira (The breathing man)


FREDERICK MATHIAS ALEXANDER
(Tasmania -Australia- 1869-1955)

F. M. -como cariñosamente se le denomina- era un actor que se especializó en dar recitales teatrales en solitario -disciplina muy popular en la década de los 80 en Australia-. Al cabo de unos años de actuar con cierto éxito empezó a tener problemas con su voz. Después de las actuaciones padecía de ronquera, una situación muy comprometida para cualquier actor pero para un especialista en recitales en solitario desastrosa.

Visitó foniatras y médicos de la época pero nunca obtuvo un remedio duradero. Finalmente, desesperado, cuando le ofrecieron actuar en un recital especialmente importante acudió una vez más a su médico. Éste le recomendó que no hablara en absoluto durante los quince días anteriores al recital. Era una manera de asegurar el reposo total de las cuerdas vocales tan dañadas por el esfuerzo por hablar. Así lo hizo. Cuando llegó la noche del recital, al principio todo fue muy bien, pero poco a poco la ronquera fue apareciendo y al final del recital se había quedado completamente sin voz.

Lejos de desanimarse, el problema le dio fuerzas para investigar qué le había pasado. Concluyó que si había estado dos semanas sin hablar "antes" del recital la causa de la ronquera podía estar solamente en algo que debía haber hecho con su voz "durante" el recital.
Con la ayuda de un espejo empezó a observar qué hacía a la hora de recitar. Se dio cuenta que antes incluso de empezar a hablar su cabeza tendía a irse hacia atrás provocando una gran tensión en los músculos del cuello, deprimía la laringe, el pecho se encorvaba hacia delante, tensionaba la espalda y hasta se ponía de puntillas...

En este punto llegó a la conclusión que cambiaría su vida: Lo que debía hacer era precisamente "dejar de hacer". Dejar de producir esas tensiones que le provocaban la pérdida de la voz y que afectaban no sólo a su aparato vocal sino a todo su cuerpo. Cuando conscientemente "dejaba de hacer", es decir, de interferir con el funcionamiento natural de su cuerpo, este recobraba su equilibrio, coordinación y libertad. Descubrió algo crucial: La indisibilidad del cuerpo y de la mente.

Cuando volvió a los escenarios su presencia, su calidad de voz i de interpretación dejó anonadados a sus compañeros. Pronto su fama se extendió por toda Australia y, con la recomendación de un famoso médico de la época, se trasladó a Londres donde impartió sus lecciones a una larga lista de actores, médicos y gente de todo tipo que acudía a su consulta. Era conocido como "El hombre que respira" (The breathing man).

A los 75 padeció un derrame cerebral que le paralizó medio cuerpo. Se pensó que su fin estaba ya próximo. Al cabo de año y medio, "sorprendentemente" esta condición era prácticamente inapreciable. Había recuperado la movilidad de su cuerpo y la lucidez de sus ideas. Siguió dando lecciones hasta dos semanas antes de morir, cuando contaba ya con 86 años.