Artículos Mejora del rendimiento en la empresa


Malestar físico y rendimiento laboral

El malestar físico, dolores de espalda, cuello, articulares y de diversa índole influyen negativamente en nuestro bienestar personal, físico y mental. Los malos hábitos físicos repercuten en el bienestar de las personas y con ello en la relación que tenemos con el exterior con la familia, los amigos y, naturalmente, la empresa.

Todos sabemos, bien por experiencia propia o bien ajena, que las prisas, la falta de concentración y el nerviosismo, lo que comúnmente se ha venido definiendo como “stress” puede entorpecer la dinámica de los equipos en una empresa y su relación con sus clientes. Personas nerviosas, hablando excesivamente rápido, con posturas encorvadas, respirando pobremente nos hacen evidente esta relación entre ese estado emocional y su imagen física.

En el mundo de la empresa ese pobre estado físico repercute en numerosos aspectos: Es como una cadena de acontecimientos, un efecto “dominó”. El malestar físico, estrés, afecta la concentración, a la relación entre compañeros, subordinados o superiores o también a la hora de motivar, realizar ventas, dar conferencias o hacer presentaciones.

Si uno no es capaz de controlar su cuerpo, su presencia, su tono de voz, puede tener problemas en la comunicación, y muchas veces aún teniendo un producto altamente competitivo, una buena idea, una gran sugerencia o a la hora de comunicar cualquier novedad, positiva o negativa, no se es capaz de realizarlo convenientemente porque nuestra actitud corporal, nuestra voz, nuestra energía está mal canalizada. No es un problema del producto ni que la campaña de comunicación sea mala, ni de la idea en si misma o de la información, es un problema de que el transmisor, la persona encargada de su comunicación, no está convenientemente preparada para dar suficiente confianza a su interlocutor. La comunicación no verbal es imprescindible para una buena comunicación.

La Técnica Alexander

La Técnica Alexander ayuda a abordar estos problemas de una manera efectiva y práctica. Nos enseña a centrar la atención en nosotros mismos y nos permite tener un control fluido y dinámico sobre nuestro cuerpo y mente. Nos demuestra que podemos deshacernos de esos hábitos contraproducentes que frenan nuestra evolución -tanto personal como profesional- y que nos generan tensión y malestar.

El Principio básico es aprender a observar nuestras reacciones (tanto físicas como de actitud) delante de cualquier situación. En el plano físico observaríamos por ejemplo, si tensamos el cuello o los hombros al hablar, o al sentarnos, si adquirimos una postura abierta o cerrada, si la voz es fluida, si resuena naturalmente o no, etc.) o de relación (cómo respondemos de forma automática delante de una situación concreta, una orden, una sugerencia un problema… O como abordamos la solución de un conflicto).

La idea es que si aprendemos a observar sin juzgar nuestras reacciones podremos valorar si queremos actuar como siempre o si damos otra respuesta. Si cambiamos la respuesta, esta vez conscientemente la dinámica empieza a cambiar. Empezamos a tener control sobre nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras decisiones.

Es un trabajo que se aborda desde el control corporal. Nos brinda una herramienta fundamental de auto-observación, sutil y milimétrica que nos permite iniciar ese cambio necesario hacia el control físico y mental, hacia el bienestar personal y que nos proporciona las armas necesarias para enfrentarnos a los retos que nos impone la vida. Nos descubre un terreno desconocido y cercano a la vez, quizás el más interesante: Nosotros mismos. Cuando seamos capaces de liberar las tensiones que encarcelan nuestra mente y nuestro cuerpo, entonces, ya sin ansiedad, el camino será más fácil.

Aplicaciones prácticas de la Técnica Alexander:

Presentaciones y conferencias:

En unos estudios realizados en Estados Unidos (Present Yourself, Michael Gelb, 1989) se demuestra que el impacto de un conferenciante sobre la audiencia es:

Estos datos -sin duda sorprendentes- nos deberían hacer reflexionar sobre la enorme importancia de nuestra presencia y de cómo ésta influye en las personas con las que tratamos. Ya no sólo en cuanto al hecho de vestir correctamente -cosa que se soluciona con un buen sastre-, sino con una actitud corporal y mental adecuada. Si estamos encogidos de hombros, o tenemos la espalda excesivamente arqueada, la voz no sale fluida o estamos demasiado tensos, o nerviosos difícilmente generaremos la confianza necesaria para ser ni tan siquiera escuchados.

Relación entre miembros de los equipos:

Muchas veces entre los miembros de un equipo se generan hábitos de comportamiento que desembocan en malentendidos, irascibilidad y mala comunicación. Sin saber muy bien como, se instauran hábitos de conducta que generan malestar y que dificultan el rendimiento de las personas y naturalmente del equipo en su integridad. En el cambio de hábitos de relación está la base de la modificación de esas relaciones enquistadas.

Relación comercial-Cliente:

Muchas veces se nos "escapa" un cliente por falta de serenidad o paciencia, por excesiva tensión tanto emocional como corporal. Esta falta de control sobre nosotros mismos nos limita -cuando no nos bloquea- a la hora de exponer nuestros planes delante de posibles nuevos clientes. Clientes a los que paradójicamente deberíamos generar confianza. Este bloqueo personal reduce las posibilidades de éxito.

Nuestra actitud tanto mental como corporal es fundamental para este propósito: Nunca confiaríamos en alguien que estuviera excesivamente nervioso, "ávido de convencer", tartamudeante o sin aplomo, falto de confianza en sí mismo o sin serenidad interior.